La Cuesta del Portezuelo está ubicada a tan sólo a 18km. de la ciudad. Se accede a través de un paradisíaco camino que sube por la ladera de la montaña.
El camino es de montaña y la altura a la que se llega permite observar increíbles paisajes. La Cuesta del Portezuelo es un largo y serpenteante camino que escala por la ladera de la Sierra de Ancasti, cordón montañoso ubicado en la provincia de Catamarca que forma parte integral de las Sierras Pampeanas, bordeado de un lado por la montaña y del otro por profundos precipicios.
Algunos trechos de la cuesta presentan pequeños balcones que invitan a un alto, para visualizar el magnífico panorama que desde allí se puede contemplar, especialmente en la época de floración de los lapachos y palos borrachos.
Más adelante, tan solo algunos pocos kilómetros, por la misma carreterra se llega a 'Villa El Alto', un pintoresco poblado veraniego.
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La Cuesta del Portezuelo | Catamarca | Tripin Argentina
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Fiesta del Poncho | Fiesta en Catamarca | Tripin Argentina
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Desde el 13 al 22 de Julio de 2012 será edición 42° de la Fiesta del Poncho evento de caracter Nacional e Internacional y se llevará a cabo en San Fernando en el Predio Ferial Catamarca. San Fernando del Valle de Catamarca recibirá a quienes deseen disfrutar de una autentica muestra, fruto del esfuerzo de quienes mantienen viva nuestra cultura transmitida de generación en generación.
Diez días, de fiesta, de canto, de homenajes y gestos. Un ritual elaborado por el hombre y para el hombre, es una celebración típicamente catamarqueña, eternamente nuestra. De seguro concurrir serán unas vacaciones alejadas del bullicio de las grandes ciudades pero cerca muy cerca de las tradiciones populares, Catamarca tiene para este invierno una excelente programación de temporada.
La Cartelera de Espectáculos Nacionales 2012 es muy variada y llamativa, y sin dudas hacen de la fiesta un evento imperdible de cada dia:
Viernes 13 de julio: Alejandro Lerner
Sábado 14 de julio: Néstor Garnica, Los Manseros Santiageños
Domingo 15 de julio: Horacio Banegas, Los Huayras
Jueves 19 de julio: Los Carabajal, Chaqueño Palavecino.
Viernes 20 de julio: Los Tekis, L´atipica Orillera.
Sábado 21 de julio: Pedro Aznar, Duo Coplanacu
Domingo 22 de julio: Las Valijas, Abel Pintos
Jueves 23 de julio: Damián Córdoba
En las fiestas de la provincia de Catamarca abundan los rastros de antiguas culturas que hoy le dan sabor y color a sus platos, técnicas a sus artesanías, sonidos particulares a su música y movimientos especiales a su danza, esta impronta marca con un color singular a las fiestas tradicionales y populares que se desarrollan, durante todo el año, en todo el suelo catamarqueño. Estas fiestas populares son el resultado de grandes convocatorias que perviven en la memoria de los pueblos y en consecuencia ponen en escena su cultura.
Fuente: Argentina.ar
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Diez días, de fiesta, de canto, de homenajes y gestos. Un ritual elaborado por el hombre y para el hombre, es una celebración típicamente catamarqueña, eternamente nuestra. De seguro concurrir serán unas vacaciones alejadas del bullicio de las grandes ciudades pero cerca muy cerca de las tradiciones populares, Catamarca tiene para este invierno una excelente programación de temporada.
La Cartelera de Espectáculos Nacionales 2012 es muy variada y llamativa, y sin dudas hacen de la fiesta un evento imperdible de cada dia:
Viernes 13 de julio: Alejandro Lerner
Sábado 14 de julio: Néstor Garnica, Los Manseros Santiageños
Domingo 15 de julio: Horacio Banegas, Los Huayras
Jueves 19 de julio: Los Carabajal, Chaqueño Palavecino.
Viernes 20 de julio: Los Tekis, L´atipica Orillera.
Sábado 21 de julio: Pedro Aznar, Duo Coplanacu
Domingo 22 de julio: Las Valijas, Abel Pintos
Jueves 23 de julio: Damián Córdoba
En las fiestas de la provincia de Catamarca abundan los rastros de antiguas culturas que hoy le dan sabor y color a sus platos, técnicas a sus artesanías, sonidos particulares a su música y movimientos especiales a su danza, esta impronta marca con un color singular a las fiestas tradicionales y populares que se desarrollan, durante todo el año, en todo el suelo catamarqueño. Estas fiestas populares son el resultado de grandes convocatorias que perviven en la memoria de los pueblos y en consecuencia ponen en escena su cultura.
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Lugares imperdibles de Catamarca...
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Lugares de Catamarca | El Paso de San Francisco | Tripin Argentina
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Los lugares de Catamarca son cada año más visitados por miles turistas, convirtiéndolo en uno de los destinos preferidos del noroeste argentino. No te pierdas este repaso por siete circuitos que combinan costumbres, arte, historia, cultura y hermosos paisajes.
Paso de San Francisco
El corredor internacional Paso de San Francisco representa una vía singular de integración e intercambio económico, turístico y cultural con el Océano Pacífico. Las estrechas gargantas rocosas por donde pasa la ruta son ampliadas por una multitud de cerros de más de 6.000 m. de altura, que hacen a esta zona la segunda más alta del mundo después del cordón del Himalaya.
Balcones del Valle
Situado en el sureste de la geografia catamarqueña, el Valle Central es el punto casi exclusivo elegido por los turistas para comenzar su visita a la provincia. Formado por los departamentos Capital, Valle Viejo, Fray Mamerto Esquiú y Capayán, esta región brinda al viajero un recorrido histórico y paisajístico, que ofrece como puntos culminantes los balcones de la Cuesta del Portezuelo y el impactante dique Las Pirquitas.
Cumbres Nevadas de Aconquija
En la ladera occidental del Cordón Ambato son comunes los vegetales agrícolas. El Manchao domina la primera parte del recorrido. A 1.350 m.s.n.m. se arriba a Aconquija, uno de los lugares más bellos de Catamarca. La villa está asentada a los pies del cerro homónimo, de permanentes cumbres blancas. Las estancias del lugar brindan una amplia oferta de actividades de turismo de aventura, como safaris fotográficos, cabalgatas y pesca de altura.
Cumbres y Valles de Ambato
Con la vigilancia del cerro El Manchao (4.400 m.s.n.m.) los paisajes del Departamento Ambato se aúnan en un circuito de pintorescas villas turísticas con adecuada infraestructura para el visitante. Ideal para el turismo alternativo y la práctica de enduro, mountain bike y parapentismo, el recorrido finaliza en el dique Las Pirquitas, el más grande de la provincia, apto para todo tipo de deportes náuticos.
Las Huellas del Inca
Próxima a Londres, la segunda localidad más antigua del país y cabecera del departamento Belén, se encuentra el Shincal de Quimivil, un parque arqueológico monumental construido y habitado por los incas entre 1470 y 1536, respetando el trazado urbano del Cuzco. Enmarcado por un extraordinario paisaje, comprende más de un centenar de recintos agrupados en edificios monumentales
Paisajes y poblados de la Puna
Ubicada en la Región Andina, la Puna es el sitio más despoblado de la tierra, pero también uno de los más enigmáticos y sorprendentes. Enclavada a más de 3500 m.s.n.m., representa la zona más virgen de Catamarca y la Argentina. En su morfología volcánica ostenta numerosos conos de más de 600 m., campos de lava y cerros con médanos ideales para 4x4, enduro, mountain-bike, andinismo, además de safaris fotográficos y pesca de altura.
Sierras y Lagos del Este
En el trayecto predomina un verde de vegetacion exuberante ya reconocible desde los estratégicos paradores de la Cuesta del Portezuelo, la postal más típica de la provincia. Las villas turísticas del este cuentan con microclimas y atractivos recursos naturales. Los numerosos diques de la zona ofrecen una excelente pesca.
Fuente: Argentina.ar
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Paso de San Francisco
El corredor internacional Paso de San Francisco representa una vía singular de integración e intercambio económico, turístico y cultural con el Océano Pacífico. Las estrechas gargantas rocosas por donde pasa la ruta son ampliadas por una multitud de cerros de más de 6.000 m. de altura, que hacen a esta zona la segunda más alta del mundo después del cordón del Himalaya.
Balcones del Valle
Situado en el sureste de la geografia catamarqueña, el Valle Central es el punto casi exclusivo elegido por los turistas para comenzar su visita a la provincia. Formado por los departamentos Capital, Valle Viejo, Fray Mamerto Esquiú y Capayán, esta región brinda al viajero un recorrido histórico y paisajístico, que ofrece como puntos culminantes los balcones de la Cuesta del Portezuelo y el impactante dique Las Pirquitas.
Cumbres Nevadas de Aconquija
En la ladera occidental del Cordón Ambato son comunes los vegetales agrícolas. El Manchao domina la primera parte del recorrido. A 1.350 m.s.n.m. se arriba a Aconquija, uno de los lugares más bellos de Catamarca. La villa está asentada a los pies del cerro homónimo, de permanentes cumbres blancas. Las estancias del lugar brindan una amplia oferta de actividades de turismo de aventura, como safaris fotográficos, cabalgatas y pesca de altura.
Cumbres y Valles de Ambato
Con la vigilancia del cerro El Manchao (4.400 m.s.n.m.) los paisajes del Departamento Ambato se aúnan en un circuito de pintorescas villas turísticas con adecuada infraestructura para el visitante. Ideal para el turismo alternativo y la práctica de enduro, mountain bike y parapentismo, el recorrido finaliza en el dique Las Pirquitas, el más grande de la provincia, apto para todo tipo de deportes náuticos.
Las Huellas del Inca
Próxima a Londres, la segunda localidad más antigua del país y cabecera del departamento Belén, se encuentra el Shincal de Quimivil, un parque arqueológico monumental construido y habitado por los incas entre 1470 y 1536, respetando el trazado urbano del Cuzco. Enmarcado por un extraordinario paisaje, comprende más de un centenar de recintos agrupados en edificios monumentales
Paisajes y poblados de la Puna
Ubicada en la Región Andina, la Puna es el sitio más despoblado de la tierra, pero también uno de los más enigmáticos y sorprendentes. Enclavada a más de 3500 m.s.n.m., representa la zona más virgen de Catamarca y la Argentina. En su morfología volcánica ostenta numerosos conos de más de 600 m., campos de lava y cerros con médanos ideales para 4x4, enduro, mountain-bike, andinismo, además de safaris fotográficos y pesca de altura.
Sierras y Lagos del Este
En el trayecto predomina un verde de vegetacion exuberante ya reconocible desde los estratégicos paradores de la Cuesta del Portezuelo, la postal más típica de la provincia. Las villas turísticas del este cuentan con microclimas y atractivos recursos naturales. Los numerosos diques de la zona ofrecen una excelente pesca.
Fuente: Argentina.ar
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Paisajes de Catamarca | Un paseo de ensueño | Tripin Argentina
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Los paisajes de Catamarca cuentan como común denominador una inmensa soledad y dolorosa belleza. La Ruta de los Seismiles, La Puna, Antofagasta y la Ruta del Adobe entre Tinogasta y Fiambalá, son algunos de los imperdibles destinos a visitar.
A la ruta...
Ingresamos a la provincia desde La Rioja por la RN38 y la RP9 para empalmar con la RN60 ya en Catamarca, hasta el pueblo de Tinogasta. El día siguiente lo dedicamos a recorrer la Ruta de los Seismiles, que atraviesa la Cordillera de los Andes hasta el límite con Chile. El auto se desliza con suavidad por una recta de asfalto que rasga al medio una árida altiplanicie de pastos ralos, dibujando dos rayas paralelas que parecen encontrarse en un punto lejano. Y al fondo, un misterioso espejismo dibuja un charco rojo que es el reflejo de una montaña con sus minerales al desnudo, en este caso cobre oxidado.
Vamos rumbo a los Seismiles, el ilustrativo nombre de este circuito del noroeste de Catamarca que avanza entre descomunales volcanes de más de seis mil metros y culmina en el Paso San Francisco. Recorriendo este tramo de 197 kilómetros asfaltados de la RN60 se atraviesa la parte baja de un valle con 19 volcanes que se suceden, uno tras otro, con su forma cónica de bonete trunco. Y a sus pies se distinguen las coladas basálticas con las que vaciaron por completo su contenido, derramándolo por el valle como ríos de lava convertidos en negruzcos escoriales.
Hace algún tiempo –unos 80 millones de años– este pacífico lugar era un infierno de volcanes en erupción, mientras surgía desde el fondo del océano la Cordillera de los Andes. Sin embargo, hoy una nutrida fauna le otorga inusitada vida a la zona: como el medio centenar de flamencos que parecen petrificados, con las patas sumergidas en un espejo de agua, pero al acercarnos remontan vuelo para desaparecer aleteando tras una serranía como una nube rosada.
El paseo por los Seismiles es una relajada excursión que se puede hacer con vehículo común desde los pueblos de Fiambalá o Tinogasta. Un día entero sobra para ir y volver disfrutando del paisaje sin premura, e incluso darse un chapuzón en una terma que hay junto a la ruta, si no se quieren probar las más tradicionales termas de Fiambalá.
El circuito comienza 50 kilómetros al oeste de Fiambalá por la ruta que lleva a Chile, partiendo desde los 1550 hasta los 4726 metros de altura. A pesar de la altura considerable, la pendiente es muy suave y los autos no son exigidos en lo más mínimo.
Al norte se divisa el volcán Inca Huasi (6640 metros), el primero de los Seismiles, que no se pierde de vista en todo el viaje. A mitad del recorrido aparece la Cordillera de San Buenaventura, el límite austral de la Puna: aquí el paisaje se hace cada vez más desértico, matizado por lagunas pobladas de gallaretas, patos cordilleranos y flamencos. En el horizonte observamos el Ojos del Salado, que con sus 6879 metros (aunque algunas mediciones le dan algunos más) es el volcán más alto del mundo.
Y desperdigados en la lejanía se yerguen los volcanes Penk, Nacimiento y Aguas Calientes.
En el paraje La Gruta, a 4100 metros, hay un campamento de Vialidad Nacional con las oficinas de Migraciones donde se tramita el cruce a Chile y desde donde hay 21 kilómetros hasta el Paso San Francisco. El hito fronterizo está a 4726 metros y, pasado ese límite, se puede seguir unos kilómetros hasta la Laguna Verde chilena y pegar la vuelta o seguir 280 kilómetros no pavimentados hasta la ciudad chilena de Copiapó –famosa por sus playas– para continuar hacia el Desierto de Atacama. Pero ése ya es otro viaje.
El viaje a los Seismiles termina con sensaciones encontradas. Por momentos hay un ambiente con reminiscencias del paraíso, especialmente cuando nos topamos con las lagunas color turquesa llenas de coloridas aves. Y en otros lugares parece que atravesamos los restos de un remoto Apocalipsis de fuego, de cuando la tierra era una gran bola de magma burbujeante. De aquel tiempo quedan enormes cráteres calcinados, cerros de basalto, arenales negros y coladas de lava, todo sobrevolado por una contrastante y profunda calma.
Fuente: argentina.ar
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A la ruta...
Ingresamos a la provincia desde La Rioja por la RN38 y la RP9 para empalmar con la RN60 ya en Catamarca, hasta el pueblo de Tinogasta. El día siguiente lo dedicamos a recorrer la Ruta de los Seismiles, que atraviesa la Cordillera de los Andes hasta el límite con Chile. El auto se desliza con suavidad por una recta de asfalto que rasga al medio una árida altiplanicie de pastos ralos, dibujando dos rayas paralelas que parecen encontrarse en un punto lejano. Y al fondo, un misterioso espejismo dibuja un charco rojo que es el reflejo de una montaña con sus minerales al desnudo, en este caso cobre oxidado.
Vamos rumbo a los Seismiles, el ilustrativo nombre de este circuito del noroeste de Catamarca que avanza entre descomunales volcanes de más de seis mil metros y culmina en el Paso San Francisco. Recorriendo este tramo de 197 kilómetros asfaltados de la RN60 se atraviesa la parte baja de un valle con 19 volcanes que se suceden, uno tras otro, con su forma cónica de bonete trunco. Y a sus pies se distinguen las coladas basálticas con las que vaciaron por completo su contenido, derramándolo por el valle como ríos de lava convertidos en negruzcos escoriales.
Hace algún tiempo –unos 80 millones de años– este pacífico lugar era un infierno de volcanes en erupción, mientras surgía desde el fondo del océano la Cordillera de los Andes. Sin embargo, hoy una nutrida fauna le otorga inusitada vida a la zona: como el medio centenar de flamencos que parecen petrificados, con las patas sumergidas en un espejo de agua, pero al acercarnos remontan vuelo para desaparecer aleteando tras una serranía como una nube rosada.
El paseo por los Seismiles es una relajada excursión que se puede hacer con vehículo común desde los pueblos de Fiambalá o Tinogasta. Un día entero sobra para ir y volver disfrutando del paisaje sin premura, e incluso darse un chapuzón en una terma que hay junto a la ruta, si no se quieren probar las más tradicionales termas de Fiambalá.
El circuito comienza 50 kilómetros al oeste de Fiambalá por la ruta que lleva a Chile, partiendo desde los 1550 hasta los 4726 metros de altura. A pesar de la altura considerable, la pendiente es muy suave y los autos no son exigidos en lo más mínimo.
Al norte se divisa el volcán Inca Huasi (6640 metros), el primero de los Seismiles, que no se pierde de vista en todo el viaje. A mitad del recorrido aparece la Cordillera de San Buenaventura, el límite austral de la Puna: aquí el paisaje se hace cada vez más desértico, matizado por lagunas pobladas de gallaretas, patos cordilleranos y flamencos. En el horizonte observamos el Ojos del Salado, que con sus 6879 metros (aunque algunas mediciones le dan algunos más) es el volcán más alto del mundo.
Y desperdigados en la lejanía se yerguen los volcanes Penk, Nacimiento y Aguas Calientes.
En el paraje La Gruta, a 4100 metros, hay un campamento de Vialidad Nacional con las oficinas de Migraciones donde se tramita el cruce a Chile y desde donde hay 21 kilómetros hasta el Paso San Francisco. El hito fronterizo está a 4726 metros y, pasado ese límite, se puede seguir unos kilómetros hasta la Laguna Verde chilena y pegar la vuelta o seguir 280 kilómetros no pavimentados hasta la ciudad chilena de Copiapó –famosa por sus playas– para continuar hacia el Desierto de Atacama. Pero ése ya es otro viaje.
El viaje a los Seismiles termina con sensaciones encontradas. Por momentos hay un ambiente con reminiscencias del paraíso, especialmente cuando nos topamos con las lagunas color turquesa llenas de coloridas aves. Y en otros lugares parece que atravesamos los restos de un remoto Apocalipsis de fuego, de cuando la tierra era una gran bola de magma burbujeante. De aquel tiempo quedan enormes cráteres calcinados, cerros de basalto, arenales negros y coladas de lava, todo sobrevolado por una contrastante y profunda calma.
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Fiambalá en Catamarca entre Termas, Viñedos y Dunas | Tripin Argentina
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Fiambalá ofrece fantásticos paisajes de montaña. Termas, viñedos, dunas y el calor de sus habitantes, no hacen más que mejorar el talante. La última posta antes del espectacular Paso de San Francisco.
Al contemplar la quietud de sus calles de tierra, cualquiera diría que en Fiambalá nunca pasa nada. Pero pasa mucho. Pasa en las montañas de los alrededores, donde la naturaleza reparte termas y horizontes prodigiosos. Pasa en los viñedos, esas plantaciones que embellecen el panorama, y que dan vida a bodegas ganadoras de varios premios internacionales.
Pasa en el contacto con los paisanos, los de alpargata y mano amiga, los que a pesar de los pesares nunca se olvidan del gracias y del por favor. Pegadito a la cordillera, este pueblo sereno engaña al distraído, trayéndole aquellas y otras riquezas. Lo hace a jarro suelto, y en silencio. Sólo hay que aclimatarse a su ritmo y andar un poco para disfrutarlas.
Las impresionantes dunas catamarqueñas
En los alrededores de Fiambalá, la arena marca presencia. Hasta en la misma ruta se puede apreciar su influencia. Un polvillo pálido se esparce por el asfalto, continuando la huella hacia los laterales. Salvo por los cerros que cubren el horizonte, el paisaje es desértico. Apenas algún arbusto perdido. Y en eso, las dunas.
Estos gigantescos montículos son un verdadero espectáculo a los ojos. Nacen a partir de la fuerza que ejercen los vientos sobre las rocas, que provocan la erosión de las mismas y su posterior transformación en polvo. La lógica hace el resto. Con siglos y siglos de insistencia, el fenómeno ha convertido al oeste de Catamarca en un vergel de colinas de arena. Por su tamaño, varias de ellas configuran un atractivo turístico en símismo, lo que lentamente acrecienta la fama de los pueblos que las acogen.
Ejemplo de ello es Saujil. A tan sólo 15 kilómetros al norte de Fiambalá, la diminuta comarca alberga dunas de una magnitud asombrosa. La visita no queda en observación, y los pocos visitantes que hasta allí se llegan disfrutan lanzándose desde su cima. Con tablas de Sandboard (el equivalente al Snowboard en la arena) o a puro rodar, la diversión está garantizada.
Hay que subir hasta arriba, sentir el viento en la cara, y observar a lo lejos para caer en cuenta de la altura alcanzada. Lo mullido del terreno, no obstante, aplaca cualquier temor ante la caída. Otra localidad generosa en dunas es Tatón, a 30 kilómetros de Saujil. En cualquiera de las dos, sorprenderse es parte inevitable de la experiencia.
Fuente: Argentina.ar
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Al contemplar la quietud de sus calles de tierra, cualquiera diría que en Fiambalá nunca pasa nada. Pero pasa mucho. Pasa en las montañas de los alrededores, donde la naturaleza reparte termas y horizontes prodigiosos. Pasa en los viñedos, esas plantaciones que embellecen el panorama, y que dan vida a bodegas ganadoras de varios premios internacionales.
Pasa en el contacto con los paisanos, los de alpargata y mano amiga, los que a pesar de los pesares nunca se olvidan del gracias y del por favor. Pegadito a la cordillera, este pueblo sereno engaña al distraído, trayéndole aquellas y otras riquezas. Lo hace a jarro suelto, y en silencio. Sólo hay que aclimatarse a su ritmo y andar un poco para disfrutarlas.
Las impresionantes dunas catamarqueñas
En los alrededores de Fiambalá, la arena marca presencia. Hasta en la misma ruta se puede apreciar su influencia. Un polvillo pálido se esparce por el asfalto, continuando la huella hacia los laterales. Salvo por los cerros que cubren el horizonte, el paisaje es desértico. Apenas algún arbusto perdido. Y en eso, las dunas.
Estos gigantescos montículos son un verdadero espectáculo a los ojos. Nacen a partir de la fuerza que ejercen los vientos sobre las rocas, que provocan la erosión de las mismas y su posterior transformación en polvo. La lógica hace el resto. Con siglos y siglos de insistencia, el fenómeno ha convertido al oeste de Catamarca en un vergel de colinas de arena. Por su tamaño, varias de ellas configuran un atractivo turístico en símismo, lo que lentamente acrecienta la fama de los pueblos que las acogen.
Ejemplo de ello es Saujil. A tan sólo 15 kilómetros al norte de Fiambalá, la diminuta comarca alberga dunas de una magnitud asombrosa. La visita no queda en observación, y los pocos visitantes que hasta allí se llegan disfrutan lanzándose desde su cima. Con tablas de Sandboard (el equivalente al Snowboard en la arena) o a puro rodar, la diversión está garantizada.
Hay que subir hasta arriba, sentir el viento en la cara, y observar a lo lejos para caer en cuenta de la altura alcanzada. Lo mullido del terreno, no obstante, aplaca cualquier temor ante la caída. Otra localidad generosa en dunas es Tatón, a 30 kilómetros de Saujil. En cualquiera de las dos, sorprenderse es parte inevitable de la experiencia.
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