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Libros de viaje: Flyfishing en la Patagonia | Pesca en el sur | Viajes Argentina

Comenzó la temporada de pesca con mosca, flyfishing. Este deporte promueve la devolución de los ejemplares sanos y salvos a su medio ambiente. Una práctica muy saludable que contribuye a mantener la población de peces, conseguir ejemplares de mayor porte y contar con más lugares de buena pesca en todo el sur. Aventurate a una nueva bitácora de la familia que viaja por la Patagonia | Libros de Viaje |....

Mel Krieger, uno de los mosqueros más importantes que dio este deporte, sostenía que mejor que pescar es estar pescando. Esto se debe a que los ámbitos en donde se pesca con mosca son de una gran belleza natural, muchas veces rodeados de colosales montañas, frondosos bosques o interminables pastizales dorados que se hamacan en las ondulantes praderas surcadas por ríos y lagos de aguas cristalinas.

Mientras se está pescando es posible distraerse unos instantes con el vuelo en formación de los cauquenes, los rítmicos plac plac de las bandurrias o los graznidos de los patos festejando una captura. Cuando el sol de la tarde calienta el aire, uno puede refrescarse con el agua helada tomándola directamente de los cauces.




Pero a nosotros, los que pescamos con mosca, lo que más nos interesa es poder vencer a la trucha más astuta, a la de mayor tamaño, a la más peleadora, para poder medirnos mano a mano con ella y arrimarla hasta la costa para inmortalizarla en una gran fotografía. Y si tiene experiencia mucho mejor, porque no será fácil lograr que tome la mosca si no se la presentamos correctamente, sabrá cómo jugar con nosotros subiendo a la superficie para indicarnos cuál es su lugar de la acción, nos hará cambiar varias veces el artificial hasta dar con el que mejor representa lo que está comiendo.

Intentará frustrarnos alimentándose de los insectos naturales que le proveen las aguas y dejará pasar con indiferencia los lanzamientos que no sean de una precisión absoluta, con una delicada técnica alcanzada luego de años de vadear los ríos y de una sutileza que presente el alimento con tanta franqueza como lo hace la propia naturaleza que nos rodea.

Valorará el tiempo dedicado a leer las aguas, el esfuerzo puesto en la morsa para copiar los bichitos que a ella más le gustan y las horas que nos pasamos sumergidos para vernos las caras. Y finalmente será quien nos ayude a pescar mejor. Porque hará que nos esforcemos por lograr la perfección que demanda satisfacerlas a la hora de comer.
Por eso practicamos la pesca con devolución. Para perfeccionar nuestra técnica en busca de aquella trucha que nos haga detener el corazón con su pique. Porque es la forma en que ellas desarrollan la habilidad para convertirse en formidables adversarias en su edad adulta.

Para luchar contra un oponente que conoce toda las formas de hacernos sentir la caña, que sabe cuando correr para hacer sonar la chicharra del reel soltando línea y que pueda dosificar sus energías para entablar una larga disputa en el río. Porque cada vez que son engañadas nuevamente, aprovechan la oportunidad para lucirse con saltos más espectaculares, salpicar más lejos y ganar el protagonismo del río.
Y por si todo eso fuera poco, porque es su forma de ganarse la vida

Del libro Papá Pesque, aventuras de pesca con mosca.

Lugar: Patagonia Argentina.
Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar

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Libros de viaje: La Trochita | Patagonia Argentina | Viajes Argentina

La Trochita, el viejo expreso patagónico, es un tren a vapor de 1922. Justamente por su edad y por transitar por lugares despoblados de la Patagonia, los maquinistas ponen a prueba todas sus habilidades para solucionar los desperfectos directamente sobre los rieles. Aventurate a una nueva bitácora de la familia que viaja por la Patagonia | Libros de Viaje |....
Si la locomotora se rompía mientras estaba circulando y tenía solución, la misma se encontraba arriba de la máquina, porque el maquinista y el foguista no eran sólo un chofer, estaban capacitados para reparar la locomotora y poder seguir. Son gente con mucho conocimiento, muy eficiente. A veces cuando se les rompía una biela o un pistón, desarmaban la parte motriz del lado averiado, preparaban la máquina, ponían el lado bueno en el punto de arranque y se venían con todas las piezas arriba, de modo que la máquina andaba sólo con un lado en tracción. Venían con la mitad de la máquina, pero llegaban.

Del mismo modo se las ingeniaban en medio del campo. Antes con la gran cantidad de viajes, a veces perdían los tubos de la caldera. Esto pasa porque están demasiado finos, tienen un cierre muy hermético o quizás están picados, tienen una rajadurita. Entonces qué hacía el maquinista. Abría una tapa grande que tiene el caño de introducción, que es por donde se mete el agua dentro de la caldera, se conseguía un poco de bosta de vaca y la empezaba a meter, a meter; le inyectaba agua y la bosta intentaba salir por las perforaciones donde estaba la pérdida. Así lograba sellar el agujerito y seguía viaje. En el galpón cuando lavabas la caldera otra vez aparecía la pérdida. También servía la yerba, si ya habían tomado unos mates, claro.



Cuando levantaba temperatura un eje, uno de los mejores lubricantes que tenía el maquinista era el jabón común, que llevaba para lavarse las manos. Con el cuchillo sacaban una rodajita de jabón y se la metían al cojinete para tapar todas las rayaduras del eje, que son las que producen el calentamiento cuando friccionan contra el cojinete y así seguían nomás. Mientras no se cortara el eje...

Se puede viajar en La Trochita como servicio turístico desde las estaciones de El Maitén hasta el Desvío Thomae y desde Esquel hasta Nahuel Pan. En ambos casos son 20 kilómetros de recorrido y se pueden visitar los museos de ambas estaciones. En El Maitén, también se visitan los talleres de reparación.

Coordenadas estación El Maitén
: -43.3062, -65.1041
Coordenadas estación Esquel: -43.4965, -70.8068
Lugar: La Trochita / El Maitén / Esquel / Chubut / Patagonia Argentina.

Libro con la historia de La Trochita en http://latrochitaweb.wordpress.com/libro.
Más info http://latrochitaweb.wordpress.com y www.facebook.com/latrochitaweb.

Fuente y más info:
librosdeviaje.com.ar

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Libros de viaje: Ruta 25 en Chubut | Patagonia Argentina | Viajes Argentina

Así como la ruta 40 recorre verticalmente la Argentina, la ruta 25 es el camino longitudinal más importante de la Patagonia por sus paisajes, la geografía, la compañía permanente del río Chubut y su historia de aborígenes y pioneros transitándola para comunicar la costa con la Cordillera de los Andes. Aventurate a una nueva bitácora de la familia que viaja por la Patagonia | Libros de Viaje |....
Su longitud es 10 veces menor que la ruta 40. Sin embargo, la ruta 25 con 534 kilómetros de recorrido, no tiene nada que envidiarle a la carretera más extensa de Argentina. Nace en la ciudad de Rawson, muy cerca de la orilla del mar, junto a las olas que rompen sobre el canto rodado de Playa Unión y pronto gana la estepa para internarse hacia el oeste en busca de la Cordillera de los Andes.

Durante los primeros kilómetros, acaricia el valle del río Chubut en donde se asientan las poblaciones galesas de Gaiman y Dolavon, rodeadas por un entorno de chacras y campos que supieron transformar el entorno desértico, en praderas fértiles agrícola ganaderas.

El último suspiro de vida forestal antes de liberarse definitivamente al desierto, lo entrega el dique Florentino Ameghino, un desvío a 130 kilómetros de iniciado el viaje, señalado tan sólo por una estación de servicios y una rotonda olvidada en el camino. El embalse es un lugar de extrema belleza con una población de tan sólo 200 habitantes y la paz como compañera de vida durante la estadía.



A partir de aquí la ruta se desenvuelve con libertad por una planicie que va elevándose hasta dar con el primer cruce del río Chubut en el paraje Las Plumas. Allí comienzan una serie de suaves elevaciones que van perdiendo la timidez a medida que se avanza, para desplegar todo su encanto en el “Valle de los Mártires”, una formación rocosa tipo acantilado, labrada por el viento y el agua, que propone formas espectaculares que invitan a transitar a baja velocidad o incluso a detenerse. Del otro lado, el río Chubut corre muy despacio, enredado en una serie de curvas por la escasa pendiente y el poco caudal que arrastra.Sus playas de arena fina son una tentación para caminarlas descalzos y disfrutar de un buen descanso en la primera mitad del viaje.

Inmediatamente se llega al efímero poblado Los Altares, lugar de encuentro de viajeros en la antigua estación de servicios de Automóvil Club Argentino. Si uno se detiene unos instantes, verá llegar todo tipo vehículos y personas a intervalos que resultan prolongados para el habitante urbano, pero que son apabullantes para la tranquilidad del pueblo, que fuera de temporada, descansa en un letargo impuesto por la lejanía de todo.

El merecido descanso permite transitar los siguientes 60 kilómetros casi sin darse cuenta, hasta dar con el letrero que anuncia el “Paso de Indios”, el último rastro de población agrupada en una trama urbana. A partir de aquí, la ansiedad y la geografía del terreno comienzan a vislumbrar los primeros indicios de la Cordillera de los Andes, pero habrá que esperar todavía unos kilómetros para internarse de lleno en las montañas una vez superado el paraje Pampa de Agnia a 591 m.s.n.m.



Pero las sorpresas no terminan allí. Más adelante un cartel con la inscripción “Cajón de Ginebra Grande” llamará la atención del viajero que inmediatamente dará con otro del mismo tenor que indica “Cajón de Ginebra Chico”. Son lugares improbables pero ciertos, que dan cuenta de la imaginación al momento de ponerle nombre a un sitio que seguramente está relacionado a través de alguna leyenda patagónica con esas frases célebres.

Circulamos este último tramo por una serie de curvas dentro de la precordillera, con las montañas nevadas de fondo y el odómetro alcanzando la marca de los 534 kilómetros recorridos, que darán lugar al ingreso al pueblo de Tecka, sobre la mítica ruta 40 en una intersección en donde confluyen quizás, las dos carreteras más emblemáticas de Argentina.

A todos los que la recorran, que lo disfruten!

Coordenadas km. 0, Rawson: -43.3062, -65.1041
Coordenadas km. 310, Los Altares: -43.8851, -68.4127
Coordenadas km. 534, Tecka: -43.4965, -70.8068

Lugar: Ruta 25 / Chubut / Patagonia Argentina.

Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar

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Libros de viaje: Estancia Zara | Refugio de aventureros en Tierra del Fuego | Viajes Argentina

A casi un centenar de kilómetros de Río Grande y muy cerca de la frontera con Chile en la inhóspita isla de Tierra del Fuego, la estancia Zara nos brindó un refugio ameno para pasar una inolvidable noche patagónica. Aventurate a una nueva bitácora de la familia que viaja por la Patagonia | Libros de Viaje |....
Viajaba solo, con mi hijo Tomás de 5 años, en un auto alquilado en Ushuaia con pocas probabilidades de enfrentar la geografía patagónica de estas latitudes. Sin embargo se comportaba de maravillas diluyendo la distancia que nos separaba de la frontera, a dónde queríamos llegar antes del anochecer para descansar en la hostería del ACA de San Sebastián y cruzar a Chile al día siguiente.

Las montañas de la Cordillera de los Andes ya habían cedido su altura a la estepa que se explayaba a sus anchas hacia donde alcanzaba la vista. A lo lejos, una población nos distrajo la monotonía y nos indujo a entrar a la estancia Zara de 65.000 hectáreas, en la cual todos sus habitantes estaban abocados a las tareas de esquila de sus ovejas.



Nos acomodamos junto a los corrales a observar las tareas de gauchos y capataces por igual, quienes trataban de persuadir a sus animales de someterse a las tijeras. A lo lejos y entre la polvareda del arreo, los perros ordenaban el piño de ovejas que bajaba desde las colinas, mientras dentro del galpón los peones las despojaban del vellón de lana en cuestión de minutos.

La frenética actividad de la faena nos distrajo hasta que el sol se acomodó junto al horizonte y nos persuadió de que no sería prudente salir a la ruta e intentar alcanzar la frontera esa noche. La mejor alternativa era acampar en la estancia y a sabiendas de que el forastero siempre en bienvenido en estas circunstancias, buscamos al capataz para pedir el permiso correspondiente. Un peón nos comunicó que tenía una boina negra, a pesar de que en el campo esa prenda es vestida por casi todos los hombres.


De todas formas, poco antes del anochecer, habíamos armado la carpa junto a la administración y a pocos metros de la vivienda de este buen hombre que además, se ofreció a darnos asilo en su casa, ofrecimiento que desestimamos en pos de la aventura de dormir bien abrazados dentro de nuestros sacos envueltos en un enorme acolchado de plumas.

Cuando el sol despuntó por la mañana, la escarcha congelada fue un indicio de las temperaturas bajo cero que habíamos soportado al calor de nuestra carpa. Preparamos un buen desayuno caliente junto a un árbol bandera, ordenamos nuestras cosas y nos fuimos a saludar a nuestros anfitriones. Como es costumbre en estas tierras, los gauchos ya estaban en el campo desde hacía rato. Les dejamos una carta de agradecimiento y despedida y partimos hacia la frontera en San Sebastián con la firme intención de volver algún día a la estancia Zara, donde dejamos una buena cantidad de amigos.

Coordenadas: -53.4352, -68.1808
Lugar: Río Grande / Tierra del Fuego / Patagonia Argentina.

Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar

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Libros de viaje: Rio Pico | Cuna de pescadores en la Patagonia | Viajes Argentina

Poco falta ya para que comience la temporada de pesca con mosca en la Patagonia y el pueblo Rio Pico en la provincia de Chubut, es un excelente lugar para despabilarse de la abstinencia de un largo invierno. Aventurate a una nueva bitacora de la familia que viaja por la Patagonia | Libros de Viaje |....
Tenemos el dato de un sitio en donde se pesca muy bien y hacia allá nos dirigimos. Sin embargo, la información es limitada y los mapas entregan pocas precisiones. Paramos en el pueblo Río Pico de escasos 900 habitantes para tratar de conseguir algún detalle que nos ayude a dar con el lugar, pero no hay planos de caminos ni testimonios de locales que nos orienten hacia la zona que buscamos. Los buenos rincones patagónicos son siempre un misterio celosamente guardado.

El cielo amenaza lluvia. El tiempo aún esta frío, pero cada tanto el sol logra filtrar algún rayo de calor entre las nubes. Es mediodía y el pueblo está en calma. Compramos algunas provisiones en la única despensa abierta a esta hora y salimos al camino. Las gotas de agua se desprenden de las nubes y mojan el ripio de un camino lleno de curvas que se contorsiona con los perfiles de las montañas. A medida que avanzamos nos elevamos por sus laderas y caemos bruscamente hacia lo profundo de sus valles.

Bajamos por una pronunciada pendiente y llegamos al Lago 3. Una cabaña de madera humea sus leños por la chimenea, pero nadie responde a nuestras palmadas. El camino continúa por la orilla, tan cerca del agua que el viento logra salpicarnos. Al fondo del lago nos topamos con una tranquera. Por suerte la lluvia amainó y nos permite abrirla sin mojarnos. Unos metros más adelante, la huella se interrumpe en unos pozos tan grandes que debemos esquivarlos por el campo. Las raíces de un gran ciprés agregan dificultad al asunto. A los saltos y abriendo huella frente a la mirada atónita de las ovejas, volvemos al camino inundado que desciende por la montaña. La lluvia se hace presente nuevamente pero nada interrumpe nuestro paso hacia el río Pico, famoso por la calidad de sus truchas.



De repente, un par de vacas Hereford interrumpen nuestro paso. Pese a la clara amenaza que representamos, parecen no inmutarse. Debemos acercarnos a escasos tres metros para que decidan hacerse a un lado y dejarnos seguir hacia adelante. Abrimos otra tranquera, que no es más que la continuidad del alambrado sostenido con un palo, y un tentador letrero anuncia “Solamente Pesca con Mosca”.

Este es el sitio. Un par de kilómetros más adelante está el casco de la estancia de Don Pube, quien nos recibe con unos cuantos perros que se muestran felices de las visitas. Una ronda de mate y los arreglos de nuestra estadía en su campo es todo lo que necesitamos antes de instalarnos en un potrero a unos pocos metros de una línea de sauces que bordea el río. Armamos las carpas, reunimos algo de leña para el fogón de la noche y nos encaminamos hacia la orilla.



La Patagonia se abre inmensa ante nosotros. El río fluye sereno acariciando las ramas de los árboles que rozan el agua. Una legión de insectos sobrevuela por el aire produciendo un leve zumbido que resuena en todas partes. En un pozón poco antes de la corredera, se escucha el chapuzón de una trucha. ¡Estamos donde queríamos estar!

Coordenadas: -44.1798, -71.3685
Lugar: Río Pico / Chubut / Patagonia Argentina.


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Libros de viaje | Puerto Madryn, ballenas al alcance de la mano | Viajes Argentina

La gran diferencia entre pleamar y bajamar genera unas condiciones inmejorables para que la ballena franca austral se arrime a la costa de Puerto Madryn para aparearse. El Area Natural Protegida El Doradillo es una gran tribuna para observarlas desde la playa. Una nueva aventura de la familia que viaja por la Patagonia, con ustedes.... Libros de Viaje en Puerto Madryn, con la naturaleza más cerca que nunca.
La primera posta de nuestro viaje hacia Ushuaia fue en Puerto Madryn, a 1.400 kilómetros de Buenos Aires que completamos en 15 horas, un promedio excelente debido a la poca circulación de autos en esta época del año.

Luego de un merecido descanso, desayunamos bien temprano en “La Hélice”, un fantástico parador de madera al sur del pueblo, con una galería que se abre al mar y absorbe todo el sol del amanecer. Teníamos intenciones de salir cuanto antes para intentar llegar al Estrecho de Magallanes y cruzar a la isla al día siguiente. Sin embargo algo nos demoró más de la cuenta.

Teníamos un dato que mencionaba la cercanía de las ballenas en El Doradillo, a pocos kilómetros de donde estábamos. Consultamos las tablas de mareas que indicaban una pleamar en ese instante y salimos a prisa hacia el lugar. Un camino de ripio en perfecto estado nos permitió llegar en minutos a la playa de canto rodado que se entibiaba bajo el sol de la mañana.



El espectáculo en el agua era fabuloso. Fuuushh!! Un sonido hueco llamó nuestra atención hacia un chorro de vapor que se elevaba hacia el cielo. Por todas partes se veían lomos de ballenas que salían a tomar aire. Nadando en paralelo a la costa, se apareaban en un frenesí que convulsionaba la superficie del mar a escasos metros de la costa.

En ocasiones varios machos intentaban seducir a una misma hembra alborotando todo cuanto haya a su alrededor. Hasta las gaviotas que flotaban en el agua debían remontar vuelo para evitar ser atrapadas por las olas de espuma que se desparramaban hacia todas partes.

Las hembras con cría, nadan tan cerca de la orilla que casi es posible acariciarlas. Lo hacen para protegerlas del embate de los machos, tan cegados por la pasión del momento que podrían aplastarlas contra el suelo pedregoso. El exhibición se prolonga por horas pero a mediodía tuvimos que partir, con bastante retraso, hacia otros lugares de igual belleza de esta inmensa Patagonia.

La ballena franca austral arriba en Junio y permanece hasta Diciembre, siendo la época de mayor actividad durante los meses de Septiembre a Noviembre; entre los cuales tuvimos la suerte de llegar nosotros.

Coordenadas:  -42.7632, -65.0341
Lugar: Puerto Madryn / Chubut / Patagonia Argentina.
Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar

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Libros de viaje | Río Chico, paraíso de la Patagonia | Viajes Argentina

Lejos de todo, en medio de la estepa y al borde de un camino de ripio poco transitado, un imponente valle bañado por el río Chico, esconde un pueblo de escasos habitantes con una calidez tan grande como la Patagonia que lo rodea. Una nueva aventura de la familia que viaja por la Patagonia, con ustedes.... Libros de Viaje en Río Chico, un paraíso de la patagonia.
Río Chico es un pueblo de la Patagonia de esos que están fuera del circuito turístico, pero que junto con el entorno que lo rodea y los atractivos propios del lugar, lo hacen un sitio muy codiciado para aquellos que se atreven a aventurarse en lo profundo y mítico de la Patagonia.

Arrimarse al pueblo ya es toda una aventura. Se puede llegar por diferentes caminos de ripio de gran interés, recorriendo estancias, caseríos y terrenos casi inexplorados en donde la naturaleza se explaya a sus anchas.

Desde Bariloche se accede por la ruta 23 hasta Pilcaniyeu para internarse en la ex ruta 40 por unos 100 kilómetros solitarios interrumpidos tan solo por Las Bayas, un conjunto de casas que viven de los campos aledaños. Si uno viaja desde el sur por la ruta 40, debe desviarse a la altura de la estancia Leleque hacia el pueblo El Maitén y seguir adelante por la ruta 6 surcando mesetas esteparias.

Viniendo desde el mar por la ruta 23 se alcanza Ingeniero Jcobacci y desde allí se toma el tramo noreste de la ruta 6, pasando por un par de poblados y unas cuantas lomadas al borde de las vías de La Trochita, hasta llegar a un “boliche” al borde del camino llamado “La Pasadita”. Allí es recomendable detenerse a estirar las piernas, iniciar la relación con los lugareños y ofrecerle un bocado al estómago.



Estamos en las puertas de Río Chico, un pueblo enclavado en un valle rodeado de cerranías bajas y que es la primera posta importante de La Trochita, un tren a vapor de 1922 que recorre 402 kilómetros de Patagonia. Aquí es posible visitar los talleres, el playón de maniobras, la boletería y varios vagones de carga estacionados en vías paralelas. Sorprende el enorme tanque de agua para reponer el consumo de las locomotoras y durante el paseo, el cruce con ferroviarios, maquinistas y operarios abrirá la palabra atenta de los anfitriones acompañados de un buen mate.

La tranquilidad se regocija entre álamos y sauces en sus calles de tierra. Las despensas del pueblo revelan la historia con sus muebles antiguos, el despacho de productos a la vieja usanza y los paisanos acodados en el mostrador con alguna ronda de caña. En la panadería de Gladys se pueden conseguir riquísimas tortas fritas recién horneadas y quien sepa buscar, podrá encontrar un tambor de 200 litros de combustible que lo saque de un apuro.

Siguiendo el curso del río por encima de las vías de La Trochita, se alcanzan praderas junto a pequeños piletones ideales para refrescarse en verano o echarse a dormir una siesta al sol en el invierno. Un poco más allá, un enorme puente rojo antecede un túnel de 110 metros que perfora un cerro pretencioso, para darle continuidad a las vías del tren y desde lo alto de este morro, la vista hacia los cuatro puntos cardinales con el atardecer pintando de color los alrededores, es una de las imágenes más extraordinarias que uno se puede llevar de esta querida Patagonia.



Coordenadas:  -41.7129, -70.4762
Lugar: Río Chico / Río Negro / Patagonia Argentina.

Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar  +  latrochitaweb.com.ar  +  facebook/latrochitaweb

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Libros de viaje: El Desdémona | Viajes Argentina

Alejado de todo y a merced de un mar encrespado que lo depositó a la orilla del cabo San Pablo, esta enorme mole descansa a la espera de alguien que lo visite y le vuelva a dar vida con sus aventuras imaginarias, trepado a lo alto de sus hierros oxidados. Una nueva aventura de la familia que viaja por la Patagonia, con ustedes.... una nueva aventura de Libros de Viaje: en el Desdémona, un naufragio con mucha historia.
Viajamos por la ruta 3 en la isla grande de Tierra del Fuego una mañana muy fría de principios de septiembre. Nevó un poco durante la noche, pero no lo suficiente como para tener que ponerle cadenas a las ruedas. Eso nos ahorró media hora de trabajo a la intemperie expuestos a temperaturas bajo cero, aunque con las medias térmicas, el pantalón de esquí y nuestros sweaters y gorros de lanasdeviaje, estamos bien abrigados.

Es muy temprano y casi no hay movimiento, salvo por unos pocos camiones que circulan de frente y se pierden en el horizonte del espejo retrovisor. El spray que desparraman sus ruedas, mezcla de nieve derretida y barro, ensucia el parabrisas. Accionamos los sapitos y el chorro de agua se congela al contacto con el vidrio opacando completamente nuestra visión. Paramos en la banquina y nos vemos obligados a usar el agua caliente del termo para limpiarlo, comprometiendo la ronda de mates.



En la intersección con la ruta A cerca de Tohluin, uno de los escasos caminos secundarios que desobedecen la traza de la ruta principal, nos desviamos en dirección al Cabo San Pablo en busca de nuestro objetivo: el barco encallado Desdémona. Al cabo de 40 kilómetros llegamos al puente sobre el río Ladrillero junto a su desembocadura en la orilla del mar. Más adelante y coronando la cima del cabo se encuentra el faro San Pablo de 6 metros de altura con una linterna de 12 millas náuticas de alcance. A sus pies y junto al mar están los restos abandonados de una hostería que alguna vez formó parte de un plan del gobierno para formar un circuito turístico por la zona.

Precisamente ahí está lo que veníamos a buscar. Apoyado sobre la arena, levemente inclinado a babor, descansa el Desdémona, un enorme buque carguero de 80 metros de eslora y más de 12 metros de manga. Su casco de hierro ha tomado un color rojizo oscuro, corroído por el tiempo que va desgastando su cuerpo dormido. Un recorrido por los alrededores descubre un par de anclas tan fuertemente incrustadas en el suelo que ni siquiera la fuerza del mar logra mover de su sitio. Aún permanecen unidas al barco a través de las cadenas que asoman sobre las piedras del fondo.

Un profundo agujero en popa permite el acceso a las bodegas en donde todavía es posible ver algunas bolsas de cemento que no pudieron salvarse del naufragio. Una escalera maltrecha abre la posibilidad de trepar hasta la cubierta en donde la fantástica vista de los alrededores contrasta con la escena fantasmagórica de un buque despojado de todos sus elementos de navegación y confort. Todo lo que queda son los hierros fríos que conformaron alguna vez el casco de una nave moderna que recorrió las costas patagónicas.



Ya en tierra, se puede ver en popa, la gran hélice que daba empuje al barco. Sus cuatro aspas del tamaño de una persona, perdieron hace tiempo el timón de mando recostado sobre el suelo cuando se rompió el eje que lo unía al casco. La proa en cambio conserva todavía las letras que indican su nombre en un intento por perpetrarse en el tiempo junto al orificio por el que desciende la vieja cadena que lo une al ancla de estribor.

Mientras estábamos distraídos contemplando esta gran mole de hierro, la pleamar fue avanzando a ritmo sostenido hasta inundar las inmediaciones del casco. La sentimos bajo nuestros pies cuando intentamos saltar unas rocas que ya habían quedado aisladas por el agua salada del océano, aquel que vio navegar al mismísimo Desdémona en sus mejores años.

Google Map: -54.2980, -66.7000
Lugar: Cabo San Pablo / Ruta Provincial A / a 80 kilómetros de Tolhuin / Tierra del Fuego.
Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar

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Libros de viaje: Dique Florentino Ameghino | Tripin Argentina

Sin los exóticos camellos del desierto, pero con una tropilla de caballos criollos que corren libremente por las pasturas, esta represa contiene al río Chubut, escondida debajo de un imponente acantilado a 100 kilómetros de la costa. La familia que viaja por la Patagoania, nos trae una nueva aventura! Hoy, Martes...Libros de viaje en el Dique Florentino Ameghino.

Salimos bien temprano de Playa Unión, el pueblo costero que se asienta en la desembocadura del río Chubut en donde descansa una pequeña flota de barquitos pesqueros color amarillo, hacia el dique Florentino Ameghino, parada previa antes de escalar la Cordillera de los Andes.

La represa es un oasis en medio de la estepa patagónica a poco más de un centenar de kilómetros del océano hacia el oeste. Se construyó para regular las aguas del río Chubut y proveer de electricidad a las ciudades costeras.

Un cartel poco vistoso junto a la estación de servicio del paraje Las Chapas, anuncia el desvío hacia la pequeña villa de algo más de 200 habitantes. El asfalto desaparece súbitamente en medio de la aridez y da paso a una curva interminable de ripio. Luego de cruzar un arco tallado en la roca, el paisaje cambia súbitamente y el camino baja arremolinado entre los peñascos.

Las grandes piedras que descansan en los claros del camino, alertan sobre el peligro que asecha desde los picos de los cerros y apuran el paso hacia el túnel que perfora la montaña. El interior saturado de polvo levantado por el paso de los vehículos, impone una escena fantasmagórica que intimida la decisión de atravesarlo, aunque la luz al final del conducto es una esperanza renovadora.



Del otro lado espera la gran pared de concreto que atraviesa los 255 metros que separan ambas orillas del embalse. Hacia el poniente se puede ver la extensión del lago que se interna hacia la puesta de sol, nutrida por el río Chubut que la distancia minimiza en un breve hilo de agua. Y en dirección este, las vertiginosas paredes de la represa de 70 metros de altura, se abren a un verde valle custodiado por las rocas que se elevan haciéndole sombra a la monumental obra.

Las calles de la villa reproducen las orillas del río con sus aguas cristalinas demorándose debajo de frondosos sauces, álamos, abedules, fresnos y robles. Un mini hospital, como anuncia un cartel en la puerta, almacenes que se cuentan con los dedos de una mano, la única gomería en kilómetros a la redonda, unas pocas cabañas y restaurantes completan las construcciones de madera que se diseminan por la comarca.

El tiempo se detiene a descansar en los rincones del pueblo, distraído cada tanto por un lento bamboleo de las ramas en el viento y el sonido de remolinos jugueteando en la orilla. El agua oxigenada por las turbinas, las bajas temperaturas que entrega el deshielo y la frondosa vegetación de la costa con sus insectos, son indicios que estimulan la esperanza de encontrar truchas en esta región tan alejada de los Andes.



…el texto es parte del capítulo “El viaje” del libro Papá Pesqué.
Google Map: -43.69, -66.48
Lugar: Dique Florentino Ameghino / Ruta 25 / río Chubut / provincia de Chubut.

Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar
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Libros de viaje: Rio Frias | Agua de glaciares en medio de la selva | Tripin Argentina

Si Cleopatra se bañaba en leche, quizás también sea posible intentarlo en este "lechoso" río de montaña inmerso en la selva valdiviana, a pocos minutos de Bariloche, en uno de los lugares más fríos de la Cordillera de los Andes. Aventurate al Rio Frías con Libros de Viaje!
Las gaviotas que entretienen a los turistas en la popa del barco tomando con audacia el alimento que se les ofrece de sus propias manos, comienzan a dispersarse a sabiendas de que el catamarán pronto recalará en Puerto Blest. Atiborradas de alimento, descansarán un buen rato flotando sobre el agua, hasta que la embarcación ponga rumbo hacia Puerto Pañuelo al atardecer.

Esta distracción traslada el interés de los turistas hacia la superficie del lago que va tiñéndose de un color verde "lechoso" antes de hacer la maniobra de acercamiento al muelle, y que dibuja una franja que se diluye muchos metros más adelante en la inmensidad del Nahuel Huapi.

Una vez en tierra, el atractivo está en la selva, atravesada por un río de montaña que arrastra las aguas "lechosas" de un glaciar cercano. La proximidad de estos dos ecosistemas tan distintos es posible gracias al clima particular de esta zona, que descarga un promedio de 3.500 mm. de lluvias al año, formando inmensos glaciares en las alturas del cerro Tronador y frondosos bosques de coihues, notros, arrayanes y avellanos en las partes más bajas junto al lago.



El río Frías baja sereno entre enormes plantas que lo ocultan de la vista de los curiosos, pero en las cercanías existen senderos que permiten arrimarse silenciosamente hasta su orilla a contemplar la superficie inmóvil de sus aguas. El fluir de la corriente sólo es delatado por ramitas pequeñas, hojas e insectos que viajan a la deriva. El arrastre de partículas en suspensión provenientes de los glaciares le da un característico color verde, muy claro y opaco.

El río baja con tal lentitud atravesando la espesa selva, que el aire no logra entrometerse para producir siquiera una ínfima vibración sobre agua, que refleja como un gran espejo las ramas de los árboles y más allá las nubes que flotan apuradas en el cielo.

Acomodarse sobre un tronco a participar del espectáculo es también sentir el canto de los pájaros, ver volar a los insectos, oír crujir a la madera de la copa de los árboles que se bambolean libremente en las alturas y despejar los pensamientos, para dejar fluir la pureza de la naturaleza.

Google Map
: -41.02, -71.81.
Lugar: Puerto Blest en el brazo Blest del lago Nahuel Huapi / San Carlos de Bariloche / Río Negro.

Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar

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Libros de viaje: Cueva de las Manos | La historia tangible de la Patagonia | Tripin Argentina

Ni Cleopatra con sus 5.000 años de historia, ni los romanos con varios siglos en su haber, pueden desafiar a los antiguos pobladores patagónicos con sus pictogramas impresos en el río Pinturas. Acompaña, a la familia de Libros de viaje en una nueva aventura por la Patagonia. Hoy, nos aventuramos a la Cueva de las Manos.
Acceder a la Cueva de las Manos en el centro de la provincia de Santa Cruz es toda una aventura. El poblado más cercano es Bajo Caracoles, a 45 kilómetros del cañadón del río Pinturas, con un par de surtidores antiguos a la intemperie colmados de calcomanías de viajeros, un hotel construido en piedra y un puñado de casas que no llegan a formar una manzana.

El camino respeta el riguroso ripio de los últimos 300 kilómetros, internándose en la meseta hasta dar con el borde de un profundo cañón que se extiende por más de 15 kilómetros. Estamos en medio de la estepa patagónica rodeados de coirones amarillos y enormes bolas de neneos en flor. El viento revolotea por la zona provocando efímeros remolinos de polvo que se diluyen en el cielo.


El Centro de Visitantes asoma junto a grandes paredones al final del trayecto. La infraestructura del lugar es imponente y previo a colocarse los cascos de seguridad, es posible entrometerse en la historia íntima de los Tehuelches. El recorrido es de gran interés y permite amenizar el tiempo de espera hasta la llegada del guía.

Afuera el viento empuja fuerte desde las profundidades del río que corre unos 170 metros más abajo. No sólo es necesario abrigarse sino que también hay que tener un buen equilibrio y mucho coraje. El camino cada vez más al filo de la montaña se estremece frente a las paredes verticales que cuidan las pinturas rupestres de sus antepasados. A poco de andar comienzan las primeras expresiones de manos y el guía despliega todos sus conocimientos. También aparecen escenas de cacerías, animales y figuras geométricas. La profusión de colores y la nitidez de los dibujos es notable, con tonos que contemplan el rojo, ocre, amarillo, verde, blanco y negro; pigmentos extraídos de frutos, roca molida y plantas mezclados con grasa o sangre de los animales.

Más adelante nos topamos con la cueva en sí misma, un enorme hoyo natural en la roca de 24 metros de profundidad, 15 de ancho y 10 de altura, donde se refugiaban los aborígenes. Este lugar era estratégico ya que aquí se encuentra la única bajada al río en más de 15 kilómetros de paredes escarpadas, generando una concentración de animales que proveía alimento y agua al grupo de aborígenes.



La despedida es difícil de sobrellevar. El sitio emana una energía concentrada en miles de años que atrae e invita a quedarse acampando como lo hacían nuestros antepasados, en compañía de la naturaleza infinita que se expande generosa en esta hendidura dentro de la tierra.

Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar


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Libros de viaje: Villa Traful | El pueblo en donde viven los duendes | Tripin Argentina

Inmerso en un bosque de coihues, ñires y cipreses,  y al borde de uno de los lagos más imponentes de la zona, este pueblo mantiene latente la magia de los duendes. Acompañanos con libros de viaje a conocer Villa Traful de una manera única... el pueblo donde viven los duendes.
Para llegar desde Bariloche hasta Villa Traful, es necesario atravesar el Valle Encantado, una formación rocosa que encajona el río Limay rodeándolo con misteriosas caras, formas de animales y hasta el “dedo de Dios”. En una esquina detrás de la última curva antes de cruzar el río Traful, se desprende el camino de ripio de 30 kilómetros hasta el pueblo.

El primer tramo se acomoda junto a la margen derecha del cauce para internarse a través de un valle que atraviesa las estancias de la zona. A poco de andar será posible ver un zorro gris que se cruza ligerito y se escabulle entre los pastos altos de los campos en busca de un sabroso bocado. Las liebres serán también una compañía en todo el camino. A veces hasta corren junto a nosotros saltando de un lado a otro delante del vehículo.



La primera señal de presencia humana aparece en la cima de una gran trepada con un cartel que indica “Mirador del viento”. Tan sólo alcanzar la cumbre y uno se dará cuenta del motivo del nombre y de la fabulosa vista longitudinal del lago hacia el poniente. Una pared natural de unos 100 metros de altura, impulsa el aire al infinito con tal fuerza que según cuenta la leyenda, es posible arrojar una piedra pequeña y que ésta vuelva hacia nosotros.

Siguiendo la huella que atraviesa la montaña aparecen las primeras poblaciones. Casas de troncos dispersas en el bosque, con sus chimeneas humeantes y sus cercos de madera. Los perros acostumbrados a tanta tranquilidad serán los primeros en salir corriendo a recibirnos. El punto de encuentro es una islita con dos surtidores antiguos, un supermercado y un pequeño cobertizo para el playero.

No esperes encontrar una ciudad, ni siquiera un poblado. La cantidad de casas no alcanza para eso y es precisamente una de las premisas del lugar. Sus calles de tierra se meten en el bosque y trepan la montaña en total armonía con la naturaleza que esconde sus viviendas, unos pocos negocios disimulados y unos cuantos lugares para degustar manjares. La costa del lago permanece casi virgen, sólo un muelle de madera interrumpe su oleaje y un puñado de pobladores locales que apenas se dejan ver, es todo lo que hay en este sitio.

Por eso también es la tierra de los duendes. Pequeños seres de los cuentos que muchos afirman haber visto en lugares solitarios, juntando agua del arroyo y llevando leña hasta sus hogres. Leyenda o no, el pueblo se asemeja mucho a eso. Sentarse en los sillones de la vieja hostería Traful, en contacto con los leños encendidos, a comer una torta casera de frutillas acompañada por una buena taza de chocolate caliente, es el placer más grande que podemos darnos.



O pasar la noche en compañía del silencio, junto a una gran fogata en el lago, en busca de satélites y estrellas fugaces en el cielo, que te harán dormir como cuando eras niño, al compas de las olas que empuja el viento hacia la costa, para ponerle ritmo al canto de los sapos.

Fuente y más info: librosdeviaje.com.ar

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