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Dique Los Molinos - Disfrute y pesca en la provincia de Córdoba - Argentina - Turismo

Se accede por la ruta 5, y está ubicado entre Córdoba y Villa General Belgrano. En ese camino hay una serie de miradores naturales que permiten almorzar con vista al embalse, comprar artesanías y conocer la gastronomía típica de esta parte de la provincia mediterránea. Fue construido entre 1948 y 1953 por el ingeniero Santiago Fitz Simon; El dique Los Molinos es un emblema en el camino hacia el Valle de Calamuchita.

Gracias a esta obra que embalsa las aguas de la cuenca del río Los Molinos, la región y la provincia obtienen agua potable, electricidad y agua de riego para cultivos.

A casi 770 metros sobre el nivel del mar, el embalse refleja los rayos del sol en una superficie líquida de 2451 hectáreas, algo así como 68 estadios de la ciudad de La Plata, el más moderno del país. En tanto el dique San Roque, su rival en “fama turística” dentro de Córdoba, lo supera en apenas 27 hectáreas (y muchas más horas en la tele durante los móviles de verano).

Siguiendo hacia Calamuchita, a los pocos kilómetros de abandonar el Paseo de la Península, la ruta 5 atraviesa la presa del dique, de 60 metros de alto y 240 metros de largo.
Más adelante, a los costados del camino, comienzan a aparecer grandes cueros de ganado vacuno como si fueran sábanas colgadas en el patio de una casa.

A medida que se van multiplicando las curvas, el auto trepa por las sierras, mientras aumenta el mareo y cierto escozor invade el cuerpo.

Entre los pies, unas botellitas de gaseosas de vidrio empiezan a chocarse una y otra vez a un ritmo intenso, bastante parecido al que adoptó nuestra respiración desde hace algunos minutos, a pesar de que no es la primera vez que andamos por la zona.
En las plazas traseras del auto todos van pegados a la ventana derecha, buscando en el lago las balsas de pescadores estacionadas en la bahía.

La imagen nos recuerda la típica postal de Mónaco con los yates en el puerto, sólo que aquí en vez de duques y millonarios hay modestos pescadores en sus embarcaciones que vienen a despojarse del estrés y probar suerte con la caña a bordo de catamaranes y boyitas (ese invento argentino mezcla de casa rodante y lancha que muchos conocimos en El último verano de la boyita, la película de Julia Solomonoff).
Equipadas con cama, heladera y baño, algunas de estas embarcaciones resultan auténticas casas flotantes.
Entre los seguidores de la pesca deportiva, la zona es conocida por el buen pique del pejerrey.

Según el calendario de la Secretaría de Ambiente provincial, el cupo máximo de extracción es de 50 piezas.
Si bien se puede practicar esta actividad durante todo el año, hasta diciembre de 2013 rige una veda que impide la pesca nocturna en los cuerpos de agua locales.
Sin embargo, esto no opaca la imagen de los pescadores rompiendo con sus boyas la tranquila superficie del agua después de las siete y media de la mañana, cuando el sol hace brillar la chapa de las embarcaciones.

Fuente: argentina.ar

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